VIENA (4)


De nuevo rodeamos y pasamos por el Stadtpark. Caminamos en paralelo a su riachuelo Wiental Canal, ese que termina en un también canal pero con cuyo nombre, si es que lo tiene, no doy. El caso es que es mucho más ancho que el Wiental Canal pero mucho más estrecho que el Danubio, del cual se separa para visitar y atravesar el lateral noreste de Viena con una curvatura y volver a unirse unos kilómetros más allá. Y llegamos así a la Casa de Colores o, como tan sencillos suelen ser los nombres en alemán, Hundertwasserhaus. Se trata de una calle y un edificio en concreto que rompen con la cuadriculada y, llamémosle supuestamente estandarizada, estética de la ciudad. Es más la imagen exterior que la estructura como tal lo que llama la atención. De todas formas, pueden destacarse la entrada arqueada al edificio, lo que quiere ser puente pero no es más que una subida o cuesta hacia un restaurante/bar y la fuente central en la que casi se baña la misma acera. Un cartelón publicitaro y una tienda de recuerdos completan el enclave.

En fin, mucho ruido y pocas nueces o, más bien, muchos colores y poca gracia... Nos pusimos a caminar por la citada rivera del canal paralelo al Danubio para ver lo estupendo que es para montar en bici, correr o pasear en un entorno cubierto de árboles. Ruido de agua, olor a tierra mojada... No sé si los de allí están hartos o acostumbrados, pero a mí me encanta. Tuvimos que introducirnos unos metros de nuevo hacia el centro para subirnos al puente que nos llevaba hasta cerca de la estación de tren del Prater, bajo cuyas elevadas vías pasamos. En la primera entrada cité al mayor complejo de artes alternativas de Viena, el cual se encontraba prácticamente enfrente de nuestro hotel. Pero lo que no cité, sobre todo porque lo acabo de descubrir, es que allí se rodó la escena del pinball de la famosa Antes del Amanecer. Informándome para escribir esta última entrada también descubro que hay otra escena en la Plaza de María Teresa, en la que también hemos estado. Es una película que no veo desde la primavera de 2016 y que me apetece volver a ver.

Muchos españoles recordamos la Eurocopa de 2008 con sólo escuchar eso de Prater; sobre todo porque está allí el estadio en el que se jugó la final que se ganó. Pero mucho más antiguo que eso, camino de siglo y medio, es el parque de atracciones. Es el más antiguo del mundo y con una noria de 60 metros de altura en la cual, evidentemente, nos subimos. ¡Ups! Se me olvidaba que la pareja de Antes del Amanecer también dan vueltas y vueltas y... ¡vueltas! Los vagones o estancias eran grandes y estar solos en ellos viendo Viena al anochecer fue un gustazo.


Es lo más famoso del parque de atracciones y, de hecho, también fue lo principal para nosotros. Para mí es un parque como el de la Feria de Málaga, pero más decadente y apartado. Para Lola, será porque no vive en una gran ciudad, fue más emocionante. ¡La típica máquina para intentar agarrar un muñequito que siempre se suelta le resultó la bomba! Cenamos en un asiático que cerraba mientras comíamos y nos acoplamos en unos bancos para cargar el móvil cerca de un vagabundo y esperar nuestro traslado al aeropuerto. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157712782226011 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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