VIENA (1)


El hotel estaba en un polígono industrial del este de la ciudad, con lo que hacia allí nos dirigimos tras poner pie en la Estación Central de Viena. Nos hicimos con unas viandas en la gasolinera de enfrente y nos echamos a dormir para recuperarnos de las tremendas caminatas por Bratislava. Por la mañana hicimos las habituales fotografías desde las alturas, nos tomamos el usual desayuno viajero y salimos a la calle para torcer en la esquina del Arena Wien, un antiguo matadero reformado como centro de cultura alternativa. Todavía por zona industrial cabe destacar el futurista y llamativo edificio del club automovilístico OAMTC y otro creo que de la compañía telefónica norteamericana AT&T. Parece un curioso contraste que mientras mirábamos estos mastodontes fuéramos esquivando por la acera carteles publicitarios de los clásicos Beethoven o Sisi. Unos quince o veinte minutos después tuvimos cerca la torre de comunicaciones Funkturm, con lo que tiramos a la derecha en el gran cruce para ir rodeando un centro comercial del montón e introducirnos ya en ciudad como tal.

Recorrimos el lateral más largo del Parque Schweizer para pararnos a esperar el semáforo paraguas en mano. Cruzamos para meternos en el jardín del Palacio Belvedere, fotografiando y por lo tanto viendo a éste como tal más allá de un lago artificial de más de cien metros. Hicimos cola un rato para comprar las entradas en las casetas laterales y entrar por fin al palacio por un lado. La de abajo es la Sala Terrenal, con sus estatuas sosteniendo la bóveda, y la de arriba es la Sala de Carlone, quien fue el artista del espectacular fresco del techo; denomiado el Triunfo de Aurora. Durante muchos años estuvo en el dormitorio de matrimonio de mi casa y ahora me encontraba delante de ese famoso cuadro cuadrado: El Beso. El lugar me recuerda a la sala del Museo Nacional de Oslo con El Grito. El cuadro famoso del pintor rodeado de otros pocos menos conocidos del mismo artista. Recorrimos más salas, como la de los bustos expresivos y el rosal encendido; las dos con con pinta de exposiciones temporales por no haber ni rastro de ellas en la red de redes. Aprovechamos el gran juego fotográfico que nos daban los ventanales y bajamos a la parte norte y al aire libre del recinto. La perfecta simetría de un jardín de más de quinientos metros fue todo un deleite para mis ojos. Y no se trataba de sólo verlo cual fotografía o pintura, sino de poder recorrerlo sin los agobios del Minotauro o la maldad de la Reina de Corazones. Mientras Lola lo recorría a su ritmo de enfoques erróneos y encaramientos baldíos, llegué al punto opuesto sin visitar, por falta de tiempo y reconozcamos que también por desconocimiento de su existencia, el segundo edificio. En cualquier caso, salimos por la parte norte para almorzar en el restaurante Salm Bau; con camarero sudamericano y todo. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157715810193372 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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