TULUM


Las expectativas de ver en vivo la típica postal de Tulum, con un espectacular Mar Caribe de color turquesa, se iban desvaneciendo conforme avanzaba hacia la entrada de las ruinas. La constante lluvia que arreciaba (con repentinos cambios de intensidad incluídos) hacía intuir que, si quería ver ese día las ruinas, me tendría que mojar. Teniendo en cuenta el calor que hacía y que iba en bañador, lo único que faltaba era darle utilidad a la toalla, envolviendo la cámara de forma que sobresaliera tímidamente el objetivo y decidiéndome a salir del techado en el que ya llevaba rato sopesando la situación.


Rodeados en el pasado de densa vegetación selvática, templos y demás construcciones salpican en la actualidad una verde explanada, sin duda resultado de la adaptación de la zona a las visitas turísticas. Como por encargo de los antiguos mayas, numerosas iguanas vigilan desde las edificaciones el contínuo flujo de turistas que cada mañana invade su descanso. Inmóviles, mimetizadas con la roca, controlan con la mirada todo movimiento a su alrededor. Algunas, incluso, se acercan a los caminos, dejándose querer por los visitantes. Las expectativas de ver en vivo la típica postal de Tulúm, con un espectacular Mar Caribe de color turquesa, se iban desvaneciendo conforme avanzaba hacia la entrada de las ruinas. La constante lluvia que arreciaba (con repentinos cambios de intensidad incluídos) hacía intuir que, si quería ver ese día las ruinas, me tendría que mojar. Teniendo en cuenta el calor que hacía y que iba en bañador, lo único que faltaba era darle utilidad a la toalla, envolviendo la cámara de forma que sobresaliera tímidamente el objetivo y decidiéndome a salir del techado en el que ya llevaba rato sopesando la situación.


Rodeados en el pasado de densa vegetación selvática, templos y demás construcciones salpican en la actualidad una verde explanada, sin duda resultado de la adaptación de la zona a las visitas turísticas. Como por encargo de los antiguos mayas, numerosas iguanas vigilan desde las edificaciones el contínuo flujo de turistas que cada mañana invade su descanso. Inmóviles, mimetizadas con la roca, controlan con la mirada todo movimiento a su alrededor. Algunas, incluso, se acercan a los caminos, dejándose querer por los visitantes. Akumal, en principio, es una pequeña población con una espectacular playa de arena blanca, donde multitud de palmeras cocoteras dan la bienvenida asomando su copa casi sobre la orilla. Es al meterse en el agua cuando uno descubre que no se encuentra en una playa cualquiera. Las primeras veces pasan por confusión, pero a las siguientes ya uno empieza a sospechar que hay algo más. Lo que parecían ser peces termina revelándose como enormes tortugas marinas asomando la cabeza para respirar y que nadan plácidamente a escasos dos o tres metros del atónito bañista.


Al terminar el día pude ahogar mis penas por no haber tenido equipo de esnórquel con una increíble puesta de sol sobre aquella preciosa playa, mientras un grupo de turistas ahogaban las suyas con un "cold coconut" de elevado contenido alcohólico.

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álvaro martín fotografía @ 2021

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