SALAMANCA (2)


Hacía un frío considerable, con lo que tomé las escaleras para abajo, salí del bloque hacia la derecha y comencé a andar para mantener el calor. Giré hacia la izquierda en la esquina de la iglesia de María Auxiliadora para encarar la calle del mismo nombre. Nótese que este edificio tenía multitud de lazos sobre #StopLeyCelaa, esa con la que el socialcomuniso trata de manipular a los menores de edad. Continuando con palabras y expresiones fachas, según ellos, crucé la Plaza de España parar pasear por la calle Toro. Rodeé la iglesia de San Juan de Sahagún luchando contra ese intenso sol matutino y sus cálidas temperaturas de color. La Plaza del Liceo es en realidad donde se unen dos calles, y a partir de ahí estaba todo más concurrido. Tiendas y más tiendas daban paso a restaurantes y bares una vez pasado uno de los arcos de entrada a la Plaza Mayor. Tras soportales y esquinas para fotografiar la plaza como tal terminé saliendo por el lateral este. Había una fila de puestecillos callejeros que me recordó a eso mismo pero multiplicado por la enésima en San Cristóbal de las Casas (México). De un salto me metí en el Mercado Central de Abastos, recogido y curioso por sus vidrieras. Me dirigí directamente hacia la famosa Casa de las Conchas.


Después de ver su patio interior, echar un ojo a la biblioteca a través de la cristalera y, sobre todo, ver la decoración exterior del edificio, crucé la calle con dos saltos para meterme en La Clerecía, sacar mi entrada y empezar a subir y subir. Más allá de ser parte de la Universidad Pontificia de Salamanca, se trata de un tremendo edificio religioso que, no sé por qué, parece no visitarlo nadie a pesar de lo espectacular que es.


Tras más de media hora entre la subida y la bajada de la escalera, además de la estancia fotografiando y disfrutando de las vistas, solamente me crucé con la limpiadora en las alturas. Eso confirma lo perdida que está esa maravilla a pesar de lo céntrica y enorme que es. Desde allí descubrí lo pequeñas que son las ciudades castellanas, viéndose los límites y el campo allá a donde mirara. ¿La cercana torre de la catedral está ligeramente inclinada o es también neurológico como tan de moda está? Ya a pié de calle saludé al Maestro Salinas que descansaba en su plaza triangular y tiré por la Rúa Mayor hasta la más que grande Plaza de Anaya. Aunque está presidida por la catedral, no me detuve mucho allí, callejeando por Rivera del Puente y pasando por la muy Art Déco o Nouveau Casa Lis (a saber,,,). Me dirigía a cruzar el Puente Romano y es una pena no haberme dado cuenta del Monumento al Lazarillo de Tormes. Y es que su nombre representa tanto al mismo Lazarillo de autor desconocido como al propio río que me disponía a cruzar. Tenía una cantidad considerable de agua, una sorprendente y buena noticia en estos tiempos. Me encantaron las pseudoislas que se atraviesan y su abundante vegetación. Hacia el sudeste paré en el llano de la Iglesia Nueva del Arrabal y, poco más adelante, el grafiti de un negro tocando la trompeta muy a lo Nueva Orleans o Louis Armstrong. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157717253842616 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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