OPORTO (5)


En esta ocasión paramos antes de cruzar el puente para subir al Monasterio de la Sierra del Pilar. Aunque estaba cerrado merecía la pena porque, si desde el puente había unas buenas vistas, más aún desde allí. La lluvia no era moléstia para ver torres y cruces, paredes húmedas por las que plantas escalaban y una batería de cañones. El olor me recordaba a mis tiempos mozos haciendo el Camino de Santiago. Fuimos dejando a los lados lugares ya visitados, como la catedral, la estación o la famosa iglesia de su alta torre, hasta llegar a la Plaza de la Libertad. No es una plaza como nos las imaginamos, y más bien una avenida por lo larga que es. Entre vagabundos diversos llegamos a la Cámara Municipal o Ayuntamiento, donde había unas letras grandes tan de moda en todos sitios que, en este caso, ponían "Porto". Justo detrás está la Iglesia de la Trinidad en la plaza del mismo nombre, con una fuente muy mona en ella. Lo más destacable fueron los pasillos y suelos de mosaico. En un lateral de la iglesia, ya en el exterior, hay un edificio feo y moderno que no pega ni con cola. Y encima con poco uso, porque había muchos "escritórios y lojas" en alquiler. Un poco más adelante nos resguardamos de la lluvia en un portal frente a la Capilla de las Pestañas. Almorzamos en el Tás na Praça, un muy casero restaurante en el que comimos bien y nos trataron bien. Frente a una universidad y una iglesia, bajo las enormes buganvillas y otras plantas que aparecían sobre los vallados, encontramos un terreno dejado de la mano de Dios que terminaba en un majestuoso, antiguo y rosado/magenta edificio. Una virgencita (o una dama sin más) nos parecía invitar desde la cúspide del techado de dos aguas. Un par de hombres que estuvieron charlando en las inmediaciones, imagino que acerca de invertir en todo aquello, terminaron por largarnos. Nos había dado tiempo a hacer una pequeña sesión de fotos en la que descubrimos que se llamaba Antiga Companhia Aurifícia. En fin, que terminamos de recorrer la Rua dos Bragas para girar a la izquierda y continuar por la Rua da Cedofeita, mismo nombre que el vanguardista, creciente, artístico y en ebullición barrio en el que se encuentra. Unos metro después comenzaba a ser empedrada y, tras tiendas de antigüedades, segunda mano y demás, termibana en el Jardín de Carlos Alberto. Como ya habíamos estado por allí, pasamos frente a unos baretos con los que me vino a la cabeza la zona decadent y "underground" de Atenas, paramos a hacer necesidades en el lateral del Museo de Historia Natural (no literalmente, sino en los bares que había) y atravesamos el muy arbolado Jardín de João Chagas. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157711381411163 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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