LISBOA (2)


Ya comenté en la otra entrada que por no llevar mi cámara réflex como tal a lo largo de Lisboa mis recuerdo temporales y espaciales están un poco desordenados, sobre todo en cuanto se refiere al orden. Es por ello que voy ahora a recopilar los datalles y situaciones que aún me quedan por citar rellenando este puzle caótico que en mi mente está. Entonces, tras la zona de desayunos y alojamiento, caminatas urbanas para entrar por donde la otra vez salí, entrevistas y esperas vacías, descansos y miradores, vamos a continuar. Empezamos pues a callejear y cuestear una Alfama que no recuerdo especialmente transitada porque, para lo famosa que es, poco más del tráfico y los vecinos de por allí se podía ver. Un lujo, sin duda. Por la zona antigual cerca del castlllo sólo se podían escuchar los gritos de los niños que estaban a punto de salir del colegio y ver la figura y contraste de una anciana tras um corto y conocio pequeño tunel. No se tardó en entenderla más de lo habitual, pues era una gallega tras años viviendo en Lisboa.


Su marido había muerto hace poco y ella se había quedado sin nada. Allí, vestida de negro, intentaba vender lo poco que le quedaba por la casa. Lola, entre la historia y las penas, terminó comprádole unas hojas de periódico bien antiguo que trataban de playas e islas paradisiacas, Por aquí las tengo (las hojas, no las islas). Nos paramos a comer en la Tabernita del decadente y clásico mercado del Camino de Santa Clara. Platos caseros y la opción de escribir un recuerdo en las paredes de dentro ("arAound").. Las veraniegas y claras vistas desde el Panteón Nacinal, la preciosa frontal y buganvilla de la Igleisa de San Vicete y la bajada hasta el Mirador de Santa Lucía, tan bonito como siempre. Por calles calurosas y sentadas por escalones nos plantamos en el centro como tal para rebotar en la otra parte de la ciudad, y aparecer paseando y entrando en el Monasterio de San Jeróniomo, preguntar por el túnel hasta el río bajo la carretara y comprobar que la subida al Monumento a los Desucubridores estaba recién cerrada. Una pena porque, como creo indiqué, mucha de la ilusión de este viaje era la de guiar y enseñar sitios que ya conocía a Lola.


De todas formas no fue tiempo perdido porque continuamos en paralelo al Tajo en dirección oeste para llegar a la archifamosa Torre de Belén. No recuerdo si paramos o nos paró una pareja de jovencitos españolles para que nos hicieran o les hiciéramos unas fotos y entablar una bien senclla conversación. Volvimos a cruzar la carretera, esta vez por arriba en vez de por abajo y, por supuesto, nos metimos y sentamos en Os Pasteis de Belem para zamparnos una tranquila, calmada, deliciosa, venenosa, romántica, etc, merienda. Hicimos cola para montarnos en típico tranvía lisboeta y trasbordarnos a un Uber en el Jardmi Dom Luis. Este hombre, negro y más que respetable (para que luego me digan) tuvo el detalle de salir de él el pararnos en un Lidl de camino al apartameto y esperarnos en el aparcamiento el tiempo que hiciera falta para nuestra compra, cola, caja y demás. Una persona sorprendente y de las que escasean. Total, que en la habitación terminamo: cenando, viendo la tele y demás. La mañana siguiente bajamos las cosas al coche y lo cogimos hacia la parte éste de la ciudad. Estuve en el Parque de Naciones hace más de quince años y poco había cambiado desde entonces, y menos aún desde la Exposición de 1998. El coche quedó protegido y aparcado en un centro comercial del montón para cruzar y ver de nuevo la Estación de Oriente. Volvimos entre banderas y pabellones diversoas para darnos una considerable caminata paralela al Tajo y una vuelta en una cabina sobre las aguas del mismo.

Fotografías: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157668751800172 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

0 visualizaciones