LISBOA (1)


Ya había estado dos veces en Lisboa pero, como me hacía ilusión que Lola la visitara y no hay dos sin tres, tiramos para esa ciudad que me enamora. Nos dejamos de limitaciones y buroracia del coronavirus para dejar a un lado los aviones, aprovechar las fronteras abiertas y coger el coche. La primera vez lo hice con un Chevrolet, la segunda con un Seat y esta tercera con un Hyundai. ¿Habrá una cuarta? ¿Tendré coche? ¿Lo pondré conducir?


Nos cogimos un apartamento en un bloque relativamente alto y práticamente pegado a la estación de metro de Olivais. Desde él, tras contactos diversos con los del cotarro, las indicaciones, el código para entrar, etc, disfrutamos de unas muy apreciables vistas. Para aprovechar la tarde-noche aparecimos en el centro para subir al Barrio Alto. Librerías, cafés y mucha gente todavía paseando. Miradores nunca visitados por mi parte, como el de Santa Catarina, y en mercados remodelados turísticamente, como el Time Out Market... Es cierto que, como digo, había estado dos veces en Lisboa, con lo que esta vez no llevaba la réflex por la ciudad como tal. Las fotografías con esta son las que suelen guiarme a la hora de escirbir, pero creo que tocará un popurrí. Con ésto decir que la mañana siguiente deyunamos en nuestro clásico Fatisol para darnos una tremenda caminata hasta redescubrir el parque y alameda de Don Afonso Hernádes. Nos sentamos en el césped de la parte alta para descansar y fotografiar, y continuamos ahora hacia abajo en busca del Instituto Cervantes. Tras una larga espera y una no muy útil conversacón para tantear trabajo por aquellos lares, nos incorporamos a la más que céntrica Avenida da Liberdade. Salimos por la Praça da Alegría y nos metimos a comer en Quermesse que, a pesar de sus banderitas homosexuales y cucarachas por el suelo (literalmente) no estuvo mal. Fuimos haciendo parada como la del funcionamiento de los viejos tranvías, los billetes de tren en la estación y la charla con un librero de difícil entendimiento.


Subiendo y subiendo llegamos hasta el mirador o jardín de San Pedro de Alcántara. Siempre aparece en página web y guías, pero nunca había estado. Mucho más grande de lo que creía, con unas estupendas vistas y zonas de copas y meriendas continuando hacia arriba y... hacia abajo. Si no recuerdo mal es cuando nos paramos relajadamente junto a las hundidas columnas de la Plaza del Comercio y temrinamos cenando en un comida rápida y asiática del Chiado.

Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157668751800172 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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