JAÉN (2)


De plaza en plaza, viendo los tentadores escaparates de las decenas de pastelerías de la ciudad e incluso entrando en un Game, terminamos apareciendo en la relativa y recientemente peatonalizada calle de Roldán y Marín. Ésta, si no me equivoco, es el final del Paseo de la Estación; en el punto contrario de donde empezamos la mañana. La Plaza de la Constitución y la Plaza de San Francisco, aunque no tienen mucha chicha, nos marcaban que estábamos en el centro histórico. En esta última es donde se encuentra la Diputación de Jaén, con un bonito exterior y aún más bonito interior. El problema es, como de costumbre, que no se puede acceder al patio de dentro, limitado para los funcionarios y no para los mundanos esclavos que les pagan. En fin... unas simétricas y verdes cuatro esquinas con una fuente ebulliciosa y una estatuilla encima. Vi un logo sencillo pero que me gustó, pero no sé de qué era, pues el de la diputación es otro... Saliendo de San Francisco, lo primero que se encuentra uno es el culete de la catedral, curiosa y original forma de continuar la caminata. Fuimos por los soportales oscuros que nos llevaron en paralelo hasta la Plaza de Santa Marían, en la que el ayuntamiento y el obispado se encuentran frente a la catedral como tal. Tratamos de entrar pero, entre el precio y lo desagradable de la encargada, descartamos la visita. Uff, si me quejaba de los funcionarios, ahora... ¡con la iglesia hemos topado! Es llamativo que por la Cantón de Santa Ana, la calle siguiente a la catedral y en pleno centro histórico de la ciudad, haya colegios con gitanos en pijama y pantunflas esperando a sus niños y callejones en los que al fondo ya se ve campo. Eso demuestra lo relativamente pequeña y también aislada que se encuentra Jaén, un punto positivo para mí con lo harto que estoy de tantas urbes fraquiciadas y clónicas. Desde la concurrida Glorieta de Lola Torres se veía aparentemente cercano el Castillo de Santa Catalina sobre las montañas nevadas. ¡Locos nosotros cuando decidimos subir a pie! Encaramos la Prolongación Dr. Azpitarte para hacer curvas y más curvas cuesta arriba mientras ignorábamos al autobús público con máxima chulería. Eran las afueras de Jaén, con casas familiares, sin tiendas y con silencio. Esas zonas que, reconozco, me enamoran. Pero con cuatro ruedas e incluso un burro todo hubiera ido mejor. Terminada la ciudad tuvimos que caminar por tierra y hielo para que no nos atropellaran; una gran curva y un mirador para respirar aire fresco y puro. No más que cámaras reflex, sin bandera o pica que clavar, por fin llegamos al castillo. Eso sí, como no... ¡cerrado! Entre horarios, obras y qué sé yo, ya no leo esos cartelitos de turno por no enfurecerme más. Da igual ver unos interiores preparados para bodas y eventos varios, pues la maravilla de las maravillas eran las vistas de Jaén y su nevados alrededores junto a la gran cruz. Una tranquilidad y paz que tuvimos que cortar porque eran las cuatro o cinco y estábamos sin almorzar.


Hacer todo el camino de vuelta aunque fuera cuesta abajo era pesadillesco. Hubieron en el mirador dos chicas a las que fiché, y cuando salíamos del castillo las intuí vernir en coche. Ni corto ni perezoso, y ahí a las bravas, las paré para que nos llevaran a la ciudad. No pusieron problema, y Lola y yo fuimos en los asientos traseros de chácharas con ellas y un chucho cariñoso. Merendalmorzamos en lo que parecía una cadena hamburguesera y vaskingorri llamada Goiko. Y, sí, a la calle con la que hace esquina se baja con... ¡escalera mecánica! Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157712782226011 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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