FUENTE DE PIEDRA


Era un finde de febrero y nos propusimos hacer una escapada, tomando y pagando la Autopista del Guadalmedina hasta el Puerto de las Pedrizas y teniendo cuidado a la bajada del mismo para no pagar a la mafia política por segunda vez. Salimos de la autovía y atravesamos el pueblo por la calle principal disfrutando de las majestuosas montañas del fondo. Dejamos el coche en un terreno, no recuerdo bien si descampado o pavimentado, supuestamente hecho para aparcar. Estaba allí el típico centro de visitantes, centro de interpretacióno o sucedáneo. No suelen interesarme muchos sus contenidos pero, mientras esperaba que mi compañera hiciera sus necesidades, hablé con la persona al frente, resultando ser un formado y amable hombre relativamente mayor que me indicó los puntos y caminos principales de la zona. Tanto desde allí mismo como desde los distintos miradores se puede disfrutar de unas muy buenas vistas. Hicimos visitas a varias pequeñas lagunas o humedales cercanos, leyendo los tipos de aves que los carteles indicaban que había por allí. Paseamos con calma por unos y otros caminos de chinos, y en uno y en otro sentido para tantear los alrededores. Las naturaleza me gusta lo más salvaje y virgen posible, pero también es cierto que, como los humanos suelen ir robotizados y en manadas (sobre todo los domingueros), pues los vallados, indicaciones y demás limitan las barbaridades. Creo recordar que había un puente de madera para evitar terminar de barro hasta las rodillas. De todas formas, terminamos separándonos de lo habitual, siempre respetando la naturaleza y el entorno al cien por cien, y, llegada la hora de comer, nos sentamos en un tremendo tapete de hierba verde y abundante que indicaba las recientes lloviznas. Nos habíamos llevado comida en táperes y comenzamos a almorzar cuidando de que no entraran en ellos los bonitos, múltiples y curiosos insectos que merodeaban atraídos. Tras un buen rato escuchando las historias de mi acompañante polaca y sus vivencias por su país y por el mío, nos dimos la caminata de vuelta al coche. Lejos de irnos sin más, y como entre plantas y vallas no pudimos ver la laguna realmente bien, fuimos bordeándola y haciendo paradas por miradores para fotografiar y disfrutar las vistas con más claridad. Todo desierto, por supuesto, pues el ganado no suele salir del redil. Dejamos a los flamencos, tranquilos y expectantes a la llegada de la primevera, y cruzando unas vias de tren, tomamos la vuelta. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157713320686011 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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