EL ROMPIDO


Los hoteles fueron dejados atrás en todos los sentidos, contiuando por el camino de tierra hasta dejar el coche a la altura de un puente de madera. Lo cruzamos para comenzar nuestra andadura por el Sendero de la Turbera. Entre pinos y abetos había chumberas, esas plantas de fruta buenísima que mi padre pelaba o abría con la navaja cuando era chico y que ahora escasean. Y aparecimos en la desembocadura del Río Piedras. Se trata de unas marismas formadas por los materiales provenientes del mar y del mismo río. Mientras paseábamos íbamos viendo distintas estructuras, muchas oxidadas, de más o menos uso en la actualidad, como puertas o esclusas. Había a lo lejos una fábrica que espero no contamine el entorno, y por allí cerca una casa y un par de coches, a saber si una vivienda de contrato antiguo o las instalaciones de encargados de la zona. Son muchas las aves migratorias y acuáticas las que hacen parada en las marismas para darse un festín, porque son aguas muy ricas en peces, moluscos, crustáceos e invertebrados. Hay partes de arenas movedizas locamente agujereadas; lugares por los que entran y salen cientos o miles de cangrejos que, a poco que te acerques, huyen en masas perfectamente orquestadas. Sólo Lola y yo nos metíamos por terrenos embarrados. El remate del entorno fue una lancha de pesca varada en los barros y aguas pantanosas de la desembocadura del Río Piedras, recordándome a la saga Uncharted. Ya reincorporados a los senderos de parejitas y carritos, ya dejando a un lado la zona de los "resorts", terminamos en un supuesto mirador. Cruzamos el pequeño y patétco centro comercial al aire libre entre tiendas de figuritas, chanclas, cuadros, paletas, etc. Lola trabajó allí años atrás. Nos sentamos a almortazar en un restaurante en la misma arena, con las barcas remolcadas y el mismo mar. Hicimos tiempo callejeando por El Rompido, una pedanía en el municipio de Cartaya. Llaman la atención los dos faros uno al lado del otro, recordándome sin remedio al pueblo mexicano de Puerto Morelos. Por cierto, mientras hacía una foto al logo de la Guardia Civil en la frontal de su cuartel, salió de una tasca un hombre borracho y viejo a decir fuera de sus cabales que eso era ilegal... Cogimos el barco para cruzar la desembocadura y bajarnos en la Flecha del Rompido, una lengua de arena que transcurre durante 13 kms en paralelo a la costa como tal. Esta vez no me llevé una cámara compacta para meterla en el agua, sino una réflex para hacernos fografías tontas y de recuerdo. Lejos de hacerlo montados en un trenecito o corriendo, el camino de vuelta también lo hicimos a pie, rodeando los "resorts" hasta llegar a mi coche, el cual tenía un Citroën "dos caballos" aparcado junto a él y mirando hacia las Marismas de San Miguel. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157716337518011 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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