CONSTANTINA


El cohe lo dejamos en un rellano para empezar a subir cuesta alrededor de la montaña. Todo con mucha menos construcción e inversión, más tranquilo y calmado que en Aracena, pasamos junto al antiguo despósito de agua. Este castillo no tiene taquilla ni horaro, sino que entras a tu libre albedrío. Una escalinata, se camina por las murallas y se llega a la parte trasera de la estatua entre vistas y ventolera.


La bajada la hicimos por la otra parte, aprovechando las sombras de los álamos y haciendo alguna que otra bajada por terraplenes. Cerca del aparcamiento nos paramos a fotografiar un Seat 600 e investigar la entrada del Monasterio de las Jerónimas. Callejeando, como no podía ser de otra forma, terminamos dando con la Plaza de España y la Iglesia de la Concepción. En la sobremesa aproveché para hacerle una sesión de fotos a mi modelaza.


El pueblo es tranquilo y calmado, y más allá de una parte terriza en la que parecía haber una fiesta o feria o que estaba apunto de ello, porque había grupos de 30 o 40 añeros sentados con sus cervezas, el resto eran fuentes y pajaritos. Nos trajimos el coche más céntrico, cerca del cruce con el que diría que es el único semáforo del pueblo y junto a una gran óptica (¿tan mal ven por allí?) para entrar y acoplarnos en un barecito a tepear. Relajadamente fuimos tirando hasta la Iglesia de la Encarnación; la que más destacaba antes desde las alturas con su preciosa torre. Fuente, sombre y palomas para arriba y para abajo. Un gustazo de sobremesa otoñal en la que atravesamos la graciosa Escalerilla de los Cojos. Alguna que otra foto a, esta vez un Renault 4 o Cuatro Latas, y volvimos a la puerta del monasterio, por la que ya se podía acceer.

El edificio es relativa y evidentemente reciente, pero es muy acogedor. Más allá del tema religioso, es un sitio que da paz. De vez en cuando salían jóvenes solitarios y reflexivos sin llamar mucho la atención. Se ve que tienen que ser estupendos unos días de liberación y relax allí. No sabíamos si la pastelería estaba abierta, pero como llegó la típica familia con niños, huímos. Eso sí, no importaba la hora, la luz o la actitud, se hizo la correspndiente sesión., Ya en el coche y cuesta abajo, entre casas habitadas pero cubiertas de enredaderas, cruzando los dedos para no rozar, paramos en la gasolinera para retomar la vuelta hacia las playas onubenses. De la playa a la sierrra y de la sierra a la playa, pasando por una ciudad de 700 mil habitantes. Un día por Andalucía. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157716337524666 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

8 visualizaciones

Entradas Recientes

Ver todo

ZAFRA