BRATISLAVA (1)


El autobús nos llevó del aeropuerto a la estación de tren y, aunque no teníamos ningún tren que coger, aprovechamos la pequeña cafetería que da a los raíles para comernos unos bocadillos considerables. Bajamos protegidos por las pérgolas de la salida, nos cruzamos con un borracho matutino, cruzamos un puente peatonal sobre el tráfico y encaramos la Avenida Stefanikova. Publicidades divertidas y curiosas, como la de una parada de autobús que ponía literalmente "fuego" (dudoso el qué decir haciendo una rutilla por allí), fachadas empapeladas e inninteligibles y logos urbanos originales hasta el Palacio de Grasslkovich y actual residencia del Presidente de Eslovaquia. En la gran fuente con forma de bola del mundo es donde confluían nuestra avenida proveniente del norte con otra del noreste. Se unen cerca de una típica entrada al centro antiguo, pero nosotros nos desviamos en curva para encontrarnos el hotel al fondo. Como teníamos prisas no entramo, sino que bajamos directamente unas escalinatas para, ahora sí, plantarnos en el centro antiguo. Pero poco estuvimos, pues callejeamos por aquí y por allá hasta aparecer en Nabrezie Vajanskeho que, si bien no tengo ni idea de qué significa, es la avenida que va paralela al Danubio. Resulta que nos dirigíamos al Instituto Cervantes o, más bien, Aula Cervantes, pues se trataba de una pequeña habitación dependiente del de Viena. Pillamos a la directora casi cerrando y tuvo el detalle de llamar a su compañera para retrasar su almuerzo. Nos dijo que, en resumidas cuentas, para dar clases de ELE allí hay que ser autónomo, con contrato temporal y compaginarlo con otro trabajo. En fin, la mujer fue muy apañada e incluso tuvo conversación con Lola sobre que les sonaban las caras, que si Sevilla y demás. Ya a paso más calmado fuimos por la rivera del Danubio. Pasamos la estatua de la Santísima Trinidad dejando la gran arboleda a la derecha y la Catedral de San Martín dejando su gracioso y aparentemente temporal grafiti a la izquierda. Subimos las escalinatas para continuar en paralelo a la muralla y cruzamos el puente. Ahora, en la parte oeste de la carretera proveniente del famoso puente que estaba aún por visitar, fuimos subiendo por las famosas casas de colores con restaurantes a sus pies por la Calle Zidovska, muy común en postales, guías e incluso en la imagen de esta entrada. Torcimos la esquina y nos plantamos en nuestro, cómo no, Ibis. Está muy visible y estratégicamente situado, además de darnos las llaves de una romántica y acogedora buhardilla. Fotografía: https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157712782226011 Página web: http://www.alvaromartinfotografia.com

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